domingo, diciembre 23, 2007

Profesores Acosados: El peligroso juego de algunas universitarias

Provocación, acoso y seducción. Estas son las principales estrategias que utilizan algunas universitarias para hacer realidad su máxima fantasía sexual: estar con un profesor. Hoy, las cosas han cambiado y a ellas ya no les basta con regalar manzanas. Historias sobran; no así el decoro.

\ Por: Esther Mendoza y Karin Selman (Publicado en Revista Mujer 2007)

"A mí me encantó desde el primer día de clases. Él no parecía un profesor común. Era muy guapo y tenía mucho estilo con la ropa. Además, era muy simpático. En esa época tenía unos 29 años y yo 22. La buena onda con el curso se dio altiro y conmigo también". Es el primer recuerdo que viene a la cabeza de Manuela, hoy de 26, cuando se acuerda del académico con el que tuvo un affair. "Todo comenzó con miradas; risas sutiles y conversaciones en el recreo. Pero al poco tiempo las miradas pasaron a toqueteos y encuentros no muy casuales. Debo admitir que yo era más insistente que él y por eso me dijo que parara. Aun así seguí con el juego, porque quería saber hasta dónde estaba dispuesto a llegar él", cuenta esta estudiante de arte de una universidad privada del sector oriente.

Tener fantasías con un profesor no es novedad. Conocidos académicos -un ilustre rector, entre ellos- han sucumbido ante los encantos de una universitaria. De ahí han salido parejas e incluso matrimonios. Pero no es la regla últimamente. Para algunas chicas, hoy, buscar el cariño de un docente responde netamente a un instinto. De los bajos, por cierto.

El fenómeno lo acusan ciertos foros de internet: tener un affair con un maestro lidera los rankings de sueños sexuales expresados por las jóvenes. Basta con escribir la palabra "profesor" en estas páginas web y las historias aparecen contadas con lujo y detalles. BananaCorp es un ejemplo: ahí las universitarias los describen como "presas fáciles de conquistar", pues para ellas sólo basta con contradecirlos para hacerse notar. Entre eso y la aventura amorosa, "hay sólo un paso".

La sicóloga infanto-juvenil de la Universidad Andrés Bello, Alejandra San Juan, es una convencida de que la relación alumna-profesor se basaba antes en la verticalidad, en el respeto absoluto y en ocasiones, incluso, en el temor. "Pero hoy está determinada por la igualdad, la que a su vez viene dada por los patrones conductuales que traen desde el núcleo familiar, donde la comunicación y la cercanía son los elementos que caracterizan las relaciones con los adultos", asegura la sicóloga. Eso le da pie a San Juan para concluir que las chicas están más seguras de sí mismas y más claras en sus objetivos, unos que cumplen sin importar la sanción social que pueda existir para sus conductas. "Ahora sus referentes son ellas mismas. Son ellas las que definen lo que es correcto y lo que no. Utilizan su propio lenguaje, sus propios códigos, lo que implica que los códigos sociales y las normas no son tan relevantes. Después de que salen de la universidad siguen siendo transgresoras, pero si necesitan insertarse en la sociedad se ajustan a los parámetros establecidos. Sin embargo, actúan sin culpa", afirma la profesional.

Para lograr que sus intenciones se hicieran más evidentes, Manuela no dejaba de ponerle sus ojos encima a su profesor durante las horas de clases. Si él salía a recreo y se iba a fumar un cigarro, ella lo seguía y fumaba con él. Si iba a tomar un café, ella partía detrás. A vista y paciencia de sus compañeros e incluso de la novia del académico, quien también impartía clases en la universidad. Nada de eso le parecía un impedimento para dar rienda suelta a sus instintos. "Una vez lo perseguí hasta la sala de fotocopias y mientras hacía una orden le di un agarrón. Él no se movió y yo me quedé mirándolo fijo, riéndome. Como no me dijo nada seguí insinuándome", recuerda esta joven, que no se encuentra bonita pero sí atractiva con 1,65 de estatura, contextura delgada y pelo ondulado color castaño claro.
Cada vez que se encontraban en un pasillo ambos mostraban actitudes provocativas. La idea era llevar la situación al límite del descaro. Y a tanto llegó, que un día que Manuela estaba en la sala de computación, él se sentó junto a ella y le puso las manos entre las piernas. Eso le dejó claro que las cosas se pondrían peligrosas, pero a esas alturas poco le importaba pues ya estaba obsesionada con el amorío. Tanto, que había memorizado su horario y lo buscaba con su mirada todo el día dentro de la universidad para seguir sus pasos y planear un encuentro.
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